miércoles, 21 de diciembre de 2016

GEISHAS

Habitualmente relacionamos la palabra Geisha con una especie de prostituta japonesa o algo parecida. Una Geisha es una artista tradicional japonesa cuya función, tras un larguísimo aprendizaje de varios años es la de entretener en fiestas, reuniones, banquetes, etc, sin importar el sexo de los participantes.



¿De dónde vienen las Geishas?
La palabra Geisha proviene de los fonemas chinos “Gei”, que quiere decir arte, habilidad, y “Sha” que significa persona. Eso es lo que representa una Geisha, una persona con la habilidad en distintas artes.
Al principio eran profesionales del entretenimiento y originalmente eran hombres. Eran artistas versadas en baile, música y narración. Había dos tipos de geishas, las de ciudad (Machi) que trabajaban en fiestas fuera de los barrios de placer y las de barrio (Kuruwa) que lo hacían dentro de éstos.
Después de la desaparición de la figura del Samurai, la Geisha junto con los Luchadores del Sumo, son el único exponente del pasado de Japón. La Geisha aún permanece con el paso del tiempo, después de más de 400 años, y en el presente sigue causando fascinación, y muchas preguntas en torno a ella.


Vestimenta
Las Geishas utilizan kimonos bastante discretos, son colores más bien planos, sin estampados, o si los llevan, no muy llamativos. Son hechos a mano, a medida y en hermosas telas de seda, respetando las estaciones y las ocasiones a ser usado. Una Geisha de categoría cuenta con 24 o más kimonos. Los colores más usados por las Geishas de edad más avanzada son el beige, el gris, y el azul oscuro.

El cuello que llevan debajo del kimono es de color blanco, y la banda que lleva en la parte baja del kimono es de color rosado. El kimono no lleva ningún tipo de elemento decorativo en el dorso.

                                              


Peinado
En el año 1960 las Geishas optaron por el uso de pelucas de pelo natural, que en japonés se llaman Katsura. Éstas son confeccionadas a la medida de la cabeza, y de la fisonomía de la cara. Actualmente se ha convertido en un negocio, y existen tiendas especializadas en su confección. 



Una Geisha sólo contaba con tres tipos de katsura. La shimada, que se usaba en ceremonias, la tsubushi-shimada que era la de uso diario, y la mae-ware usada en los espectáculos de danza cuando interpretaba un papel masculino.



Los adornos suelen ser de dos tipos: una peineta de ébano, acompañada de una horquilla decorada con una perla de jade, que utilizan en la época de verano. El otro tipo, es otra peineta de caparazón de tortuga, acompañada de una horquilla con una perla de coral.


                                          

Maquillaje
El maquillaje es bastante discreto. Su cara se pinta de blanco, y no deja línea del color de su piel, ésta es recubierta con la Katsura. Sus mejillas llevan un polvo color rosa. Sus ojos llevan una línea negra dentro y fuera del ojo, y la parte de afuera del ojo la maquilla de un profundo rojo. Las cejas las pinta de negro, y sus dos labios van pintados de rojo en su totalidad.




                                          


domingo, 13 de noviembre de 2016

QUINTILIANO


Marco Fabio Quintiliano es el más universal y conocido de los hijos de Calahorra, se cree que nació en torno al años 35 d.C, en Calagurris Nassica Iulia, actual Calahorra en la provincia hispano-romana de la Tarraconense.

Hijo de una familia noble, su padre era profesor de oratoria y lo envió a estudiar a Roma. Cuando completó sus estudios en retórica, regresó a Calagurris donde estuvo desde el año 60 hasta el 68, cuando el emperador Galba (gorbernador de la Tarraconense nombrado por Nerón) lo llama como consejero.


Vuelve a Roma en el año 68 tras el asesinato de Nerón, cuando Galba es proclamado emperador, y desarrolla una brillante y reconocida carrera de veinte años como abogado y profesor de retórica. Pronto adquirió prestigio en sus dos actividades profesionales, su fama de profesor se expandió por todo el imperio, al ser considerado uno de los más grandes retóricos de Roma.
Abrió una escuela pública de retórica que obtuvo un gran éxito. El emperador Vespasiano le otorgó la primera cátedra de retórica pagada por el Estado, siendo el primer profesor que recibía un salario público. Le fue encomendada la educación de los sobrinos de Domiciano y los hijos de la emperatriz Domitilla.
Tras veinte años de ejercicio profesional se retiró para dedicarse exclusivamente a escribir. Escribió primero un diálogo que se ha perdido en el que expone su propia posición sobre la creciente corrupción del arte de la elocuencia "De causis corruptae eloquentia" y poco antes de fallecer, divulgó su obra más importante, que ha llegado íntegra hasta nosotros “De Institutione oratoria”. Consta de 12 libros y es un manual de la enseñanza que recibía un niño desde que entraba en la escuela hasta que se convertía en orador adulto. Es un texto de gran claridad y brillantez expositiva, marcado por las enseñanzas de Cicerón y las décadas de experiencia docente de Quintiliano. Defiende la formación disciplinada e íntegra del orador, y su compromiso con la res publica. Fue un libro muy apreciado e influyente en los pedagogos y pensadores renacentistas.


El fin de su vida está señalado con una serie de dramas familiares: el mismo año de su retiro, 89, perdió a su mujer, que tenía 19 años; en el 90, a su hijo primogénito, que tenía cinco años; en 95, al segundo, con diez.

Murió probablemente poco antes del asesinato del emperador Domiciano, en el año 95 en Roma.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La fragua de Vulcano

La fragua de Vulcano, Velázquez. Óleo sobre lienzo, 223 x 290 cms. Museo del Prado, Madrid.


La mitología en la Edad moderna.

En la  Edad Media y en el primer Renacimiento era relativamente frecuente que la Iglesia utilizara las historias de los dioses griegos con un significado ejemplificador y moralizante. Sin embargo, a partir del siglo XVI la contrarreforma católica buscará la separación nítida con el paganismo, quedando reducida la mitología al entorno de las élites ilustradas y, sobre todo, de la monarquía.

Pedro Pablo Rubens. Vulcano forjando el rayo de Zeus. Museo del Prado.


La historia mitológica sirvió desde entonces a la imagen del poder, identificando a los reyes con las virtudes atribuidas a héroes y dioses paganos. Pero también fue la excusa para justificar la representación de bellos desnudos, tan mal vistos por la jerarquía religiosa y tan admirados por la aristocracia. Un ejemplo muy claro es el del conjunto de  pinturas que realizó Tiziano para el Gabinete de Alfonso D´Este, duque de Ferrara, y que ya hemos visto en el artículo dedicado a La bacanal de Tiziano. En el siglo XVII, los pintores italianos Guido Reni o Anibal Carracci, el flamenco Pedro Pablo Rubens o los franceses Nicolás Poussin y Nicolás Le Nain continuarán en esa línea, que ya podemos llamar académica, que valora tanto el mensaje como el plasmar un ideal de belleza.

Le Nain. Venus visita la fragua de Vulcano, 1641. Museo de Saint-Denis, Reims. El estilo de Le Nain se asemeja al de Velázquez al contextualizar la escena en una forja contemporánea, sin embargo, todavía es muy respetuoso con la belleza formal de Venus.


La monarquía de Felipe IV y su pintor de cámara, Diego Velázquez, también participarán de esta corriente amante de la mitología pero con un carácter muy peculiar. Nuestro pintor desde el principio conoce y es fiel a los textos, pero se aleja de las poesías triunfantes de los otros pintores nombrados y opta por una línea diferente, de austeridad y de humanización realista de los mitos. Tal es así, que la primera obra mitológica conocida del pintor, El Triunfo de Baco (1628), se consideró durante mucho tiempo como una simple escena de género y se la denominó por ello Los borrachos. Se entronca en el naturalismo heredado de su formación sevillana, recibido de maestros admiradores de la obra de de Caravaggio.

El triunfo de Baco, 1628. Museo del Prado, Madrid. Baco y su corte de borrachos que bien podrían ser soldados de los tercios y pícaros de la calle, desgastados, envejecidos, carentes de idealización, que nos invitan a participar en su fiesta...

Caravaggio. Baco, 1597. Galeria de los Uffizi, Florencia.

La fragua de Vulcano.

La fragua de Vulcano se pintó en Roma entre 1630 y 1631 durante la primera estancia de Velázquez en Italia. No fue un cuadro por encargo. Fue la iniciativa del pintor quien lo realizó junto con La Túnica de José, un cuadro bíblico, pero que por el estilo, el tamaño y la composición pudieron hacer pareja.

Velázquez. La túnica de José, 1630. Monasterio de El Escorial, Madrid.


En ese viaje el pintor aprende del clasicismo imperante en Roma personificado en ReniPoussin y Guercino, que a su vez están en esos momentos muy interesados en la obra colorista de los pintores venecianos. En año y medio de estancia en Italia Velázquez adaptará su estilo a estas nuevas ideas y absorverá ideas sobre la profundidad, el volumen, el color, el desnudo o la composición que aplicará en su carrera posterior. Sin embargo, no le hará cambiar en la concepción humana de los dioses. En este punto sigue con su visión desmitificadora, que le caracteriza desde su formación sevillana, sin un atisbo de idealización.


El tema. Análisis iconográfico.

Apolo, rodeado por una aureola luminosa y ceñido con una corona de laurel, anuncia a Vulcano, el dios del fuego el adulterio de su esposa Venus con Marte, el dios de la guerra. El dios, que trabaja una plancha refulgente, y sus ayudantes, los Cíclopes, le miran entre asombrados e incrédulos. Para mayor carga de sarcasmo, el observador que conozca la historia debería recordar que la armadura que están labrando en la fragua es para el amante.


Apolo es tratado como si fuera un ángel anunciador y es en realidad la única figura que, por su iluminación irreal, nos aclara que estamos ante un pasaje mitológico, que de otra manera pudiera pasar por el de unos trabajadores de una fragua de la época. Aún así su postura resulta un tanto chulesca.


Vulcano, aunque manifiesta en su rostro la edad y la perplejidad, no está afeado en su anatomía, cuyo cuerpo es bien proporcionado, y no muestra signos ni de su cojera ni de la fealdad que se le atribuía y qué sí podemos ver en la obra de Le Nain. Los cíclopes no son gigantes de un solo ojo como el de Rubens, sino hombres normales. El lugar es una ferrerría normal donde se forjan las armas y que pose objetos contemporáneos. En definitiva, en este episodio se descubre el tratamiento digno y realista con el que artista se acerca a todos sus personajes, sean dioses, reyes o bufones.


La interpretación del transfondo alegórico, que sin duda le dio Velázquez, no está consensuada por todos los historiadores del arte. La hipótesis que más se repite es que la escena pretende reflejar un valor aristocrático, que reivindicaba el artista a lo largo de su vida: la superioridad del Arte, encarnado por Apolo, sobre la mera artesanía del esforzado producto mecánico, encarnado por Vulcano.

Análisis artístico.

Si bien el tema es lo que más se suele tratar al hablar de este cuadro, considero que hay otros retos de pintor más importantes y que estos son los que llevan a Velázquez al realizar este lienzo. No hay que olvidar que en Roma el pintor todavía está aprendiendo y busca ser considerado un maestro consagrado.
  • La representación de unos bellos desnudos masculinos. Parece que el pintor, tras ver y estudiar los relieves clásicos y las obras de de los pintores del Renacimiento y de sus contemporáneos hubiese querido demostrar su dominio del desnudo, sereno y escultórico. La influencia de Tiziano Tintoretto se reflejan en los meticulosos estudios anatómicos y en el desarrollo de los músculos tensados de los herreros. El escorzo del de la derecha, inclinado hacia adelante -algo tan de Tintoretto-, sirve además para crear el primer plano de profundidad.


  • Representar los "afectos". Es un cuadro donde los rostros expresan dolor, sorpresa e hipocresía con una intensidad y verdad muy cuidada.



  • La composición y el ritmo de la obra está muy planificado. Es una lástima que no nos hallan llegado los bocetos preparatorios que sin duda hubo de realizar para conseguir este ejercicio de coherencia espacial. La luz y las miradas nos guían. Apolo, en el extremo izquierdo, atrae nuestra atención en primer lugar por el colorido y el brillo que le envuelve. El segundo golpe de vista nos lleva al cíclope que está de espaldas y sobre el que cae el foco de luz. Este y Apolo enmarcan a Vulcano como en un paréntesis, sus ojos echan chispas como el hierro que está golpeando sobre el yunque. Al ver la expresión de su mirada, inmediatamente nos hace fijarnos en la de sus ayudantes. El más joven no puede creér lo que oye y queda boquiabierto. Entre todos los personajes se crea una elipse que los acerca.


  • Los nuevos colores. Predominan nos tonos ocres/tierra propios de su primera etapa, pero incorpora nuevos colores propios de la escuela veneciana como el brillante anaranjado de la túnica de Apolo o del hierro incandescente. Grises sutiles y ciertos verdes y malvas fríos serán ya característicos de su paleta. La pincelada se ha hecho más alada.


  • El espíritu del bodegonista. Los objetos siguen interesando a Velázquez como en sus años sevillanos. La fragua tiene pequeños bodegones repartidos por todos los lados: las armaduras, los yunques, las mazas, las pinzas, cadenas, el horno, el jarrito de agua y una lámpara de aceite colgada de la repisa...


domingo, 23 de octubre de 2016

Presentación

¡Aloha a todos y bienvenidos a mi blog!
Lo primero de todo, voy a presentarme: me llamo Paula, tengo 20 años y soy de Calahorra, estudio Diseño de Interiores en la Escuela Superior de Diseño de La Rioja, por lo que de lunes a viernes vivo en Logroño.
Todos los alumnos de 2º de Interiores hemos creado un blog, como parte de la asignatura de Cultura del Diseño, donde hablaremos de cosas que nos resulten interesantes, como exposiciones, música, libros, diseño, cine...
Espero que podáis encontrar interesantes algunas de mis entradas, y si no que al menos os entretenga.

Paula